18 de Enero de 2017

En el Barrio de Liniers un vecino convirtió su casa en un museo dedicado al General Manuel Belgrano

El Profesor de Historia Ricardo Vitiritti, de 72 años, reunió más de 2300 piezas, entre fotografías, bustos, medallas y todo tipo de documentos.

La primera impresión que causa la fachada del Museo General Belgrano parece una fantasía tecnicolor ideada por la revista Billiken. Arriba de la delgada puerta metálica de su frente, dos farolas flanquean un retrato del creador de la Bandera Nacional pintado sobre el escudo de armas familiar. Más abajo, ocho pinturas, grandes y pequeñas, imaginan con pigmentos vibrantes momentos clave en su vida: las batallas de Tucumán y de Salta, la Primera Junta, el Éxodo Jujeño.

La muestra consta de más de 2300 piezas, entre fotografías, bustos, medallas y todo tipo de documentos distribuidos de forma apretada en cuatro salas bautizadas, por sus respectivas temáticas: Independencia, Revolución de Mayo, Tucumán y Salta, y Homenajes. La reunión de estos objetos bajo un mismo techo en la calle Saráchaga 4906 no es fruto de una iniciativa gubernamental, sino del fanatismo de un estudioso y laborioso vecino del barrio de Liniers, en el límite oeste de nuestra Ciudad

“A los 14 años se te despierta la verdadera vocación”, pronuncia Ricardo Vitiritti, un profesor de historia de 72 años, mientras acomoda su cuerpo en una antigua silla de terciopelo rojo. La vocación, o más bien la pasión que sintió a esa edad, fue por la figura del General Manuel Belgrano, a quien se refiere casi exclusivamente como “el prócer”. A pesar de que nunca estuvo al frente de una clase, su conocimiento sobre la historia argentina es tan extenso que lo llevó a ganar dos programas de concursos de preguntas y respuestas.

El primero de esos premios, obtenido en 1971 en un ciclo que conducía un joven Silvio Soldán, le permitió viajar con su madre por España e Italia, donde dedicaron buena parte de su tiempo a conocer sus museos de arte e historia. En una de esas visitas, mientras contemplaba el trabajo de algunos de los grandes maestros europeos, vislumbró el proyecto que marcaría el resto de su vida, el de un museo dedicado exclusivamente a celebrar los logros de su mayor ídolo.

La concreción de ese sueño no ocurrió de un día para otro. Ricardo Vitiritti debió esperar seis años, hasta un 20 de junio de 1977, para inaugurar en la localidad de Olivos en la Provincia de Buenos Aires la primera versión del Museo General Belgrano, que en aquel entonces no contaba con una sede permanente.

“Empecé la colección aprovechando una donación de Mario Belgrano, uno de los descendientes del prócer, quien me dio una aguafuerte realizada por un artista belga”, cuenta en un reportaje concedido al matutino La Nación. Aunque buena parte de la colección provino de donaciones, el historiador también la enriqueció mediante la inversión de los salarios que ganaba como empleado administrativo del Poder Judicial, en el que trabajó durante 46 años.

En 1982, luego de ganar un segundo premio televisivo -esta vez, de manos de Antonio Carrizo-, decidió consolidar la muestra en la casa de la calle Saráchaga, que había sido el hogar de sus padres. Allí puede recorrerse todavía de lunes a viernes en forma gratuita, previa reserva telefónica al número 4671-6464. Casi todas las visitas que recibe son de alumnos de primaria y secundaria en las cercanías a las fechas patrias.

“Creé este museo porque nadie se ocupaba de hacerlo”, dispara Vitiritti, y dice que hace años desistió de pedir ayuda financiera al Estado a causa de la apatía de los funcionarios públicos que conoció.

En el piso, algunos objetos esperan su chance de ser exhibidos. La iluminación es tenue y una fina capa de polvo cubre parte de la muestra. Uno podría argumentar que estos pequeños deslices son parte del encanto del museo, porque esta colección diversa, excesiva, desigual y fanática no es más que un correlato material de la mente de su curador, que a sus 72 años cultiva todavía el fervor de un adolescente.

 
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