14 de Febrero de 2017

sLa transformación del barrio de Villa Urquiza

Ya no es igual. Y no volverá a ser como antes. La transformación que vive Villa Urquiza desde hace más de una década y que aún hoy continúa es tajante.

Quien transite por la Plaza Echeverría, en su recorrido encontrará una plaza atestada de padres con hijos chicos, la calesita en funcionamiento, y grupos de adolescentes en skates y bicicletas. Si desde ese mismo paseo se levanta la cabeza, también se aprecian los signos del cambio: sobre la calle Capdevila, ahí donde hace un par de años había un dúplex, un edificio a estrenar ofrece los últimos departamentos disponibles; en la esquina de Bauness, donde alguna vez hubo una parrilla, se levanta el esqueleto de otro edificio en construcción y de una antigua casona sobre Nahuel Huapi cuelga un cartel de venta.

No es casualidad que del registro que administra la Agencia Gubernamental de Control de la Ciudad surja que, en 2016, Villa Urquiza fue el barrio con más demoliciones en relación con su superficie: hubo un total de 57, lo que significa más de 10 demoliciones por km2 en un año.

En el sector inmobiliario lo ven como el principio del cierre de un ciclo que cobró impulso en 2005, que conllevó el cambio de identidad y dinámica de aquel homogéneo barrio de casas bajas.

Según un relevamiento del sitio Reporte Inmobiliario, desde entonces se construyeron en Villa Urquiza cerca de 400 edificios -un promedio de 33 por año- y el precio en dólares del metro cuadrado aumentó un 152% -de US$ 946 a US$ 2385-. El fenómeno se concentró en la zona delimitada por las calles Roosevelt, Álvarez Thomas, Congreso y Triunvirato, aunque se expandió también por fuera de ese polígono. Más lejos de ese núcleo, unos pocos sectores del barrio aún conservan el paisaje bajo.

En su visión, fueron varios los factores que llevaron a la transformación de Villa Urquiza: la presencia de terrenos y viviendas con capacidad edificable según la normativa de la zona, la buena localización del barrio, la llegada del subte en 2013 -con la cabecera “Juan Manuel de Rosas”-, un entorno agradable y cierto derrame del vecino Belgrano. Ese combo generó el boom inmobiliario, lo que hizo crecer la densidad poblacional, que a su vez atrajo nuevos comercios y la llegada de vecinos más jóvenes.

El “Estudio BARQ” fue parte de esa primera camada de desarrolladores que construyeron edificios en Villa Urquiza. Su director, el arquitecto Julián Berdichevsky, habla de “un cambio notable” que se dio en dos etapas. La primera implicó una respuesta a la búsqueda de alternativas a barrios consolidados como Belgrano, Núñez, Cañitas o Palermo. Y Villa Urquiza cumplía con todos los requisitos necesarios: un costo de tierra accesible, un entorno de calles arboladas, buenos accesos y servicios, y la posibilidad de salir a caminar o de ir a la plaza con los chicos. En esa etapa, proliferaron los edificios de hasta cuatro pisos y con terrazas, ideales para un público joven de entre 30 y 45 años que buscaba su primera vivienda.

En la segunda etapa -a partir de 2009 y en consonancia con la llegada del subte y de los sapitos (pequeños túneles bajo las vías del tren Mitre, que facilitaron la conexión intrabarrial)- se construyeron edificios más altos, de unos diez pisos, sobre avenidas o zonas más céntricas, con compradores que ya conocían la zona y querían invertir en ladrillos.

Desde el Ministerio de Desarrollo Urbano porteño dijeron que en la transformación de Villa Urquiza influyó fuertemente la obra del corredor Donado-Holmberg; allí, en 14 manzanas entre las avenidas Congreso y De los Incas convivían casas derruidas, vecinos en viviendas muy precarias y baldíos con escombros que hoy se transformaron en edificaciones de hasta cuatro pisos, parques, dos pasos bajo nivel, una escuela y una futura sede comunal.

Al lado del edificio que se acaba de estrenar sobre Capdevila, frente a la plaza Echeverría, funciona el videoclub que Pablo Lacayo abrió en 2001. Una pareja de treintañeros, nuevos en el barrio, se acaba de llevar dos películas. “Cuando arrancamos acá, esta calle estaba muerta, no había tránsito. Ahora tuvieron que poner estacionamiento en 45° para que hubiera más lugar”, dice.

Él también vive en el barrio, en una casa sobre Díaz Colodrero, para el lado de Saavedra. Comenta que hace siete años, cuando Villa Urquiza se parecía más a lo que hoy es Villa Pueyrredón, no tenía problemas para estacionar. Ahora, en cambio, tiene que dar dos o tres vueltas con el auto para dejarlo cerca. “Sigue siendo el barrio de siempre, pero en los últimos tres años explotó del todo y la gente se triplicó, con muchos jóvenes -relata-. Me acuerdo de que antes, en verano, miraba las películas con la ventana que da al frente abierta. Ahora es imposible por el ruido.”

 
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